Salvajemente suya La observó desde lejos, muy entrada la tarde. Desbocada corría por los llanos fecundos levantando la cola entre imponentes ancas con su color lustroso de canela y de barro. Y sus patas esbeltas cruzaba en el galope. No llevaba cabestro, ni montura, ni estribos. Arrastraba unas riendas al costado del cuello. Daba vueltas y vueltas. Mordisqueaba el bocado espumando su boca en saliva blancuzca. Él, con ese olor a tierra, que la lluvia humedece, que llena las acequias y reverdece el campo, mezclado en el sudor de una faena de macho, seguía contemplando su indómita figura. Su amazónico porte. Sus gritos relinchados. Girando en sus talones, se dirigió al establo y ordenó con voz mansa: “Ensíllenme esa yegua.” “¿A qué buscar la muerte a tan pasadas horas?”, le preguntó un muchacho . Lento calzó las botas, sin querer escucharlo. Sobre ellas blandió fusta de cueros y de esparto. Y la montó desnuda, en medio de la noche, acariciando el pelo de su vientre mojado. Ella lo miró altiva, meneando la cabeza en un “no” reiterado, libertad requerida por crines que se niegan y de tizones negros, que con fulgor de miedo, de furia contenida, suplican asustados. Y él, con su paciencia, posó en ellos los suyos, verdes y cristalinos, susurrando a su oreja: “No temas. Yo te amo.” Como toda mujer, endulzado su oído, mancando entre corcovos y después dando saltos, se dejó domeñar hasta quedarse quieta, segura de su estirpe, de su blasón de yegua, que no doma un varón. Que es hembra que se entrega. La 22 de agosto 1.- Amo tu libertad, la proclamada. La que quieren callar los egoístas. Por que los ignorantes suelen ser hombres crueles, cuando lo que no entienden es la vida. Ningún ser es de otro. Tu no eres mío, ni de nadie. No pueden tolerar que eres conmigo. 2.- No se puede perder lo inacabado. Éso que se construye cada día. Imposible destruir lo no nacido, frenar un parto cuando se han hecho presentes los dolores, eso sólo lo puede el asesino. 3.- Hay tantos homicidas de ilusiones, como envidiosos de los sueños ajenos, como cobardes odiando a los valientes, como personas sin saber lo que quieren. Hay tanto latrocinio de esperanzas y suspicaces pensando lo incorrecto, como ojos que miran con codicia lo que quisieran obtener a todo precio. 4.- Amo tu libertad, la proclamada. La que quisieran amordazar los impostores. Pero no se silencia la verdad, porque aun sacrificada, en el sublime acto de la entrega o del martirio, se convierte en verdad vociferada. Poesía publicada en la antología de bolsillo Venus en V, Buenos Aires, Ed. Prueba de Galera, marzo 1998. Seguir perseverando ... Y uno sigue escribiendo pese a todo para extirpar deseos mal paridos. Descargando la vida entre las manos, como si se pudiera con la pesada carga de pretender recrear lo ya vivido. Reciclar en un papel todos los restos de multitud de muertes resistidas. Tener el valor de estar enhiesto frente al dolor guardando las heridas. Uno sigue escribiendo. Se desgarra. Se torna en cada línea algo distinto y las palabras no alcanzan aunque sobren, cuando se quiere expresar tan solo el grito. Uno recibe. Da y se hace otro en cada frase. Oscuro laberinto. Hay un pedazo de piel en cada línea de cualquier libro editado u omitido. Seguir perseverando en este arte. No resignarse jamás. Haber sufrido. Contar la realidad que nunca fue. Sacrificar la tinta. Una renuncia: Vivir para escribir y no estar vivo. Los hijos del alma He engendrado a otro hijo al borde de la mesa, desflorando una hoja como a una virgen blanca. No ha esperado mi tinta, se ha derramado urgente, dando vida a otra vida de un modo diferente. El latir del pequeño que voy trayendo al mundo sobre mi mano puja, lo siento entre mis dedos abriéndose camino por entre la hendidura que mi birome deja. ¡Qué singular parir! Va naciendo un poema. Es como pretender, contrariando a natura, que hay dos sexos en uno en cópula escritura.
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